lunes, 3 de febrero de 2014

Los perros, sujetos de la moda

 
Hace algunos años, era signo de originalidad y distinción tener un siberiano. Muy a menudo de ojos celestes y en algunos casos con miradas de colores distintos (una condición llamada heterocromía), cuanta mayor la diferencia entre un ojo y otro, más impacto y "ohhh" de admiración ante el ejemplar. No importaba que fueran perros adaptados mucho mejor a la nieve y que el calor y la humedad de algún veranito porteño exigiera al máximo sus organismos. Tenerlos... "quedaba bien".
 

Después, les tocó el turno a los rottweiller. Se los podía ver, enormes ya desde cachorros y con esas fauces intimidatorias, tironeando de la correa casi al punto de sacar a pasear ellos a sus orgullosos propietarios.
 

Más tarde, tuvieron sus quince minutos de fama todos los labradores, que por simpáticos y dulces pero muy "suelta pelos" y a menudo demasiado grandes, en algunos años quedaron relegados no al último lugar pero sí a un discreto tercero y hasta cuarto puesto.
 

Han aparecido nuevas modas, por ejemplo, la de los bulldog (francés o inglés), tan pero tan braquicéfalos (de cabeza proporcionalmente más grande que el cuerpo) que en la mayoría de los casos la única manera de que vean la luz es a través de una cesárea: el canal de parto de la hembra es demasiado pequeño para ser atravesado por la cabeza del cachorro, demasiado grande.
 

A medida que la moda de tener mascotas y llevarlos a todas partes comenzó a ganar adeptos, se instaló la idea de perros más pequeños, fáciles de trasladar, "divinos" para vestir o disfrazar con modelitos que a veces no tienen mucho que envidiar a los diseñados por grandes modistas.
 

Los alquimistas de las razas perfeccionaron métodos y así como hoy existen rosas sin espinas (¿qué queda de la rosa, entonces?) comenzaron a ganar preferencias los perros que "no largan pelos", ideales para pasearse sin dejar huella por los departamentos, los sillones, los autos y a prueba de las mejores aspiradoras.

Pero las tendencias, algunas veces, no se agotan en parámetros ingenuos como el tamaño o el guardarropa y asumen características más peligrosas.

La médica veterinaria Alejandra Albertoli, que tiene consultorio desde hace muchos años en el segundo cordón del conurbano, una zona a más de 30 km de Capital donde la regla precisamente no es la abundancia, reflexiona: “En algunos sectores, se impone cada vez más tener un pitbull. Para muchos, especialmente hombres jóvenes, mostrarse con ellos es un signo de poder, algo que todos quieren. Pero se usan para peleas y pueden ser muy agresivos con otros animales y también con las personas”. Cuando los pitbull muerden, es a matar o morir.
 

Víctor Castillo, médico veterinario, titular de Cátedra de Endocrinología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, agrega con preocupación: "Los perros se ponen de moda y llegan en masa a los consultorios. Y, de pronto, por equis razones, un día a las personas no les gustan más y nadie los quiere. Pasó con los siberianos: ¿dónde ves un cachorro ahora? Pasa con los rottweiller: la gente los deja, ya grandes, no los quieren tener más. Es una pena que los perros también se pongan de moda."
 

Sin lugar a duda, lo es. Y mucho más en un mundo donde las apariencias y la búsqueda de un estándar de supuesta perfección parecen imponerse por encima del respeto a las diferencias, la individualidad, el o los detalles que hacen de cada uno de nosotros -incluidas las mascotas- seres únicos.
 

Fuente: clarin.com y http://www.diariopanorama.com
 

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